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Bijibana, 1.528 hectáreas de pura naturaleza en Atlántico

23 DE JUNIO DE 2019

Este territorio, ubicado en el suroeste del Atlántico, cuenta con 1.528 hectáreas en donde se encuentran especies endémicas de bosque seco tropical y diversidad de fauna y flora.

Desde Barranquilla son aproximadamente dos horas y media las que se necesitan para llegar a Banco Totumo Bijibana, una zona del departamento del Atlántico de la que poco se conoce, pero que tiene particularidades que la hacen un lugar único y diverso.

Son 1.528 hectáreas rodeadas de montañas, especies endémicas de bosque seco y una diversidad de fauna y flora que aprecian constantemente las 105 personas que viven en este territorio en donde se respira aire puro y en donde el único sonido que se escucha es de la naturaleza.

Bijibana fue declarada el pasado viernes como la quinta área protegida del Atlántico. En 2004 ya había sido denominada un área prioritaria de conservación, identificada de esta manera a través de un estudio de la Corporación Regional Autónoma (CRA), la Universidad del Atlántico y Proaves.

Entre las razones que llevaron a que este territorio fuese declarado por la CRA como área protegida del Atlántico está el contar con unas especies endémicas de bosque seco tropical, una de las más amenazadas en el mundo y otras especies amenazadas que fueron reportadas por la CRA.

Asimismo, Bijibana provee servicios ecosistémicos como recursos hídricos y reducción de riesgos naturales como inundaciones, deslizamientos, incendios y erosión.

La bióloga Merly Guzmán, que pertenece al equipo de áreas protegidas de la CRA, explica que el bosque seco tropical de Bijibana tiene posibilidad de conexión con sistemas del departamento de Bolívar, como el santuario de fauna y flora Los Colorados.

“Bijibana posee servicios ecosistémicos que los mismos pobladores identifican como riqueza local natural, por eso los mismos pobladores conservan la zona y la tratan de mantener”, indica la experta.

A la fecha se han logrado identificar un total de 171 especies de aves, 20 especies de anfibios, 26 especies de reptiles, 21 especies de mamíferos, 21 familias de epifitas (plantas parásitas) con 11 especies nuevas reportadas para el Caribe colombiano y, finalmente, la nueva área protegida del Atlántico cuenta con 49 familias botánicas. Algunas de ellas se encuentran reportadas con algún grado de amenaza a nivel nacional o internacional.

Para identificar las especies —indica Guzmán— se realizó un estudio que permitió detallar la información biofísica y social de la zona. El análisis estuvo a cargo de la Fundación Omacha y fue financiado por la Concesión Costera, dentro del proceso de compensación por la pérdida de la biodiversidad en el proyecto vial  ubicado entre Barranquilla y Cartagena. “No solo fueron identificados atributos ecológicos propios del bosque seco tropical, un ecosistema altamente vulnerable a escala regional y nacional, debido a los procesos de fragmentación a los que se ha visto sometido en los últimos años, sino también el reconocimiento de una comunidad interesada en apoyar planes de conservación y manejo sostenible, lo cual es característica indispensable para garantizar la permanencia de este importante ecosistema”, señala la bióloga.

Sin embargo, la experta advierte del peligro que enfrentan las especies a manos de cazadores que llegan desde otros municipios.

Frente a este panorama, la importancia de esta declaratoria radica en la creación de una estrategia de conservación para crear concientización para la restauración de un bosque seco.

La declaratoria se hizo bajo la categoría de Distritos Regionales de Manejo Integrado, lo que quiere decir que este fue un ecosistema que fue intervenido y que se está tratando de conservar, pero en el que también se pueden realizar actividades autosostenibles con la comunidad.

Rodeado de verdes montañas y diversidad de especies residen aproximadamente 105 personas en 85 parcelas de Banco Totumo Bijibana, en donde la actividad principal de sus habitantes es la agricultura y la pequeña ganadería.

Reinel Cabrera Utria, quien reside en el lugar desde hace 23 años, cuenta que lo mejor de vivir en esta zona es el poder respirar diariamente aire fresco, lejos de la contaminación vehicular y el sonido del casco urbano de Repelón y de Villa Rosa.

Llegar a Bijibana —según lo explica Cabrera— es muy fácil, solamente hay que llegar hasta el municipio de Repelón y tomar la vía que conduce hasta la salida del municipio, cruzar a la derecha por el puente del “Embrujo” y transitar 9 kilómetros en carro por una estrecha trocha hasta arribar al punto de inicio de la área protegida.

Mientras se prepara un café, Alberto Ruíz asegura que ha visto diferentes especies como el tití cabeciblanco, venados y serpientes. Él como sus otros habitantes pasan las noches solo a la luz de la luna, debido a que no cuentan con los servicios públicos como gas y electricidad y el agua la recolectan en épocas de lluvia.

“Esperamos que con la declaratoria se vengan muchas cosas buenas para este territorio, que se mejoren las condiciones y que podamos seguir viviendo felices en esta pedacito de tierra”, manifiesta el agricultor.

El Sistema de Áreas Protegidas es el conjunto de espacios con valores singulares para el patrimonio natural, cuya conservación resulta imprescindible para el funcionamiento de los ecosistemas. En el orden nacional, Colombia cuenta con 59 áreas protegidas en todo el territorio.

No obstante, a nivel regional, existen siete categorías de áreas protegidas entre las que se encuentran manejos integrados, reservas forestales, entre otras.

En ese sentido, con Bijibana son cinco zonas estratégicas declaradas: La primera corresponde al Distrito de Manejo Integrado Luriza, en Usiacurí, con 837 hectáreas.

Otra de ellas es el Parque Natural Regional Rosales, en Luruaco. Son 1.304 hectáreas que funcionan como hábitat del tití cabeciblanco, especie que se encuentra en peligro crítico de extinción.

También fue declarada El Palomar, en Piojó, siendo esta la primera Reserva Forestal Protectora, con 772 hectáreas y alberga especies de fauna y flora consideradas dentro de las categorías de amenaza. Además, la reconocida Palmar del Tití, con 2.622 hectáreas.